Decir tu nombre es invocar tu historia…

Al hacerlo, llegan repentinas olas

de pasados, de memorias.

Regresan las caminatas insomnes, silenciosas,

y al andarlas, la brisa moja.

Tú y yo, somos mares,

bastos, profundos, salados.

A ti y a mí, nos habitan cavernas,

nos recorren ríos y nos controlan mareas.

Habitamos, sin estar, las mismas playas.

Somos agua dulce cuando no salada.

Si el alma falta,

abrimos los muros

y cubrimos los pisos de arena,

de conchas y calma.

Ahí, encontramos caracoles

que nos recuerdan

-cuando lo olvidamos todo-

la dicha de los días que nos aún no llegan.

Somos suspiros de agua,

gotas, independientes una de la otra.

Vinimos del mismo mar,

y habitamos el mismo sueño sin forma.

Decir tu nombre es invocar mi historia.

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