El cuerpo tiene necesidades extrañas…

Ajenas, impropias,

prestadas y, a ratos, robadas.

Afecciones regulares,

que se antojan permanentes,

casi propias, de los propios dientes.

Adicciones como la de la boca:

su boca.

La de los labios:

sus labios.

Los besos:

sus besos.

La lengua:

mi nombre.

Una mordida:

su cuello.

El descanso:

su pecho.

Todas las sinrazones dispuestas

en este espacio,

que no es nuestro, sino mío,

para él, de él:

su espacio.

En este mar

sin sal, ni playa,

hay un oleaje lila,

de ese que va y viene,

que viene, llega y me lleva…

Publicado en: Funámbulismos

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