Uno se rompe…

Así. De pronto,

uno se ve las esquinas

y las descubre rotas.

 

Las lágrimas

son fisuras,

no gotas.

 

Entre los dientes

se remuerden las espinas,

que se encajan,

que nos derrotan.

 

Respirar,

¿cuánto?,

¿cómo?

 

Cuando uno se rompe,

no hay espacio, ni tiempo.

 

Hay, en todo caso,

una grieta viva,

que nos mira y se conmueve,

que nos inunda en dolor,

que -irónicamente- nos devuelve a la vida.

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