Ella…

Me visitó un día,

de todos, ese día.

 

No cuando yo lo pedí,

no porque yo lo quise,

sino cuando no sabía que lo necesitaba.

 

Llegó y me tendió un mar,

al pie de la cama.

Nuestro mar.

 

Me pintó en las paredes

una tarde soleada,

llena de espuma

y malva.

 

Me vi en sus ojos,

me sentí desde su corazón.

 

Agradecí el sol en mis brazos,

respiré la brisa y

me revolví con las olas.

 

Supe entonces que sí,

que todo estaría mejor.

 

Inhalé profundo.

Cerré los ojos y

volví a la cama.

 

Me abandoné al presente.

Exhalé y creí en su promesa:

Mañana, todo estará mejor.

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