Piensa en mi…

Tu partida se instaló en la parte ajena de mi colchón,

a milímetros de mi pierna derecha

hay un vacío que ejerce succión.

 

Si acaso me descuido y

durante un momento me quedo dormido,

amanezco sin dedos, la otra noche sin brazos,

hoy sospecho que sin corazón.

 

No me quejo, aquí ya para nada servía,

quizá y allá a algún estómago mantenga con vida.

 

Me han dicho que sabe bien encebollado, como el hígado,

aunque según sé la melancolía lo prefiere crudo y desvenado.

 

A decir verdad, me parece justo que se lo coman,

que sea alimento de solitarias y  moscas.

Porque tanta vida en este cuerpo no cabe,

no le va, a nada sabe.

 

Ya sé que contigo no me alcanza para el “te extraño”

pero si acaso puedes, en el tiempo perdido:

piensa en mi.

 

Porque a mí, sin ti,

sólo me queda sobrevivir dos olvidos:

el tuyo y el mío…

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