American Sniper

I’m willing to meet my creator and answer for every shot that I took.

¿Cuál es la diferencia entre un asesino a sueldo y un soldado? ¿En qué parte del trayecto una bala se vuelve enemiga o aliada? ¿Quiénes los buenos, quiénes los malos?, preguntas como estas se quedan colgadas en la cabeza del espectador después de ver el más reciente film del veterano Clint Eastwood, American Sniper.

Una película adaptada de la autobiografía de Chris Kyle, un francotirador estadunidense que realizó en Irak cuatro misiones que lo convirtieron en “La Leyenda”, es decir, el soldado responsable de más de 160 muertes, una marca que hasta hoy nadie ha superado.

Kyle, interpretado por Bradley Cooper, es un hombre que abandonó la vida de cowboy, para ingresar, pasados los 30 años, a las fuerzas armadas estadunidenses, en las que se integró al grupo SEAL -los todo terreno de la milicia-. Al tiempo que avanzaba en su carrera militar, Kyle, se casó con Taya (Sienna Miller), con quien formó una familia.

La cinta, que ha sido tema de diversas críticas por su clara línea conservadora, si bien sigue la marca del cine hollywoodense de enaltecer a sus soldados hasta que éstos adquieren toques de súper hombres, también presenta algunos tintes de crítica social ante las injusticias, indecisiones y situaciones que enfrentan las fuerzas castrenses en el ejercicio de sus funciones.

Un drama bélico con buenos efectos especiales, excelente producción y capacidad de narración, aunque carece de profundidad en el tratamiento de los personajes, quienes enfrentan situaciones complejas sin lograr establecer un juicio personal frente a la realidad que los rodea.

I was just protecting my guys, they were trying to kill… our soldiers.

Eastwood que mucho sabe de western, impregna de toques del género a algunas escenas, y en momentos, pareciera entender la guerra como la lucha entre buenos y malos, pasando por alto las muertes colaterales de miles de inocentes o las vejaciones y abusos de los militares sobre la población iraquí.

La crítica a la invasión estadunidense la delega a personajes secundarios que entre diálogos cuestionan la validez de la guerra, la fidelidad de los soldados o la poca preparación militar de los civiles llamados a combate. Al tiempo que el protagonista repite el discurso socialmente aceptado sobre la protección de la seguridad de su país sin cuestionarlo.

Entre los aciertos, el uso medido de una cámara subjetiva en los momentos de persecución que no cansa y emociona, la creación de una atmósfera sonora casi esquizofrénica que angustia incluso en las escenas que regresa a casa tras las misiones y el uso del primer plano de la mira de las armas al momento de decidir algunos de los disparos más incómodos a población civil.

American Sniper es entonces un filme bien hecho que pareciera ser socialmente aceptado pero que resulta moralmente incómodo, al retratar con parcialidad los conflictos de la milicia que “protege” y “defiende” a un gobierno que comercia con ella.

I’m willing to meet my creator, and answer for every shot that I took.

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