Regresa…

Jamás pude olvidar tu espalda.

Era firme, angulosa, una piedra de río: filosa,

de esas que tiras a los charcos esperando te revelen el eco de las mariposas.

Una roca llana, lisa, que delicadamente se me encarnó entre los ojos el día de tu partida.

Te recuerdo al salir del cuarto: tres maletas y una desesperación sin forma.

Tú y tus decisiones desmedidas,

esas que secretamente detesto,

las mismas por las que pienso aceptarte de regreso.

Cuánto resta para tu regreso,

porque esta vez, aunque a ratos me lo niego,

la piedra se hundió al primer golpe dejándolo todo desierto.

Obligándome a mí que nada sé de arenas

a refugiarme en una pausa incesante, sin tregua.

Entre la tabula rasa y el silencio.

Recuerdas tu despedida, fue un adiós incompleto.

El punto llegó antes del te quiero,

de ese que me mantiene preso,

por el que en cada nueva página tropiezo.

El origen de la nota al pie que escribo a diario,

con la que rotulé un cuaderno completo.

Un recordatorio de tu inverosímil regreso,

un recordatorio que me obliga antes de mudar el lápiz a tinta

a enfrentarme a todo un universo.

Uno menos siniestro,

uno hecho a modo,

uno más mío que nuestro.

Regresa pronto,

te espero…

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