Pozos…

Hay pozos sin fondo, los hay.

Son fosas construidas para tirar los sueños incumplidos

que sin existir pesan.

Los hay en la cocina, a plena calle, al nivel del mar.

Se refugian en las regaderas y en cada fosa nasal.

Sufren la orfandad de la existencia paralela.

Insensibles al aire, anhelan una voz que enmudezca el silencio

que padecen los que nacieron en soledad.

Los que aún después de muertos,

Existen para sentir un sentimiento que no llegará.

Ven.

Después de que anochezca te quiero cerca.

No sea que mañana, quizá y antes,

Ya no vuelvas.

Que te abandones al remolino que gira en medio  de tu cabeza.

Ese que te pregunta, por qué despiertas.

Antes que todo lo que por ir, se vaya.

Regresa.

Allá.

Sólo te espera una cuerda a la que llegarás de cualquier manera.

Aquí.

No habrá preguntas como tampoco hay respuestas.

Pero en cualquier caso, hay una voluntad con membranas de promesa:

Un pozo sin fondo que se alimenta de ti y por ti regresa.

Un pozo sin fondo que necesita de tu existencia.

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